Surfing landscape

A quien madruga el mar le ayuda

La encendí.

Después de 6 años de pueblos perdidos, sofás incómodos, pisos pequeños, gente que va y viene, olas que vienen y se van, allí estaba yo. Sentado en ese sofá tan cómodo, de ese piso más grande de lo que para mi era habitual, viendo un programa de tv de estos que se dedican a cantar. No uno de esos que dan el cante que se pueden ver del mediodía hasta la noche. Uno de esos de noche, donde hay muchas cámaras, jueces, votaciones…

Me acuerdo perfectamente de el programa, me llamó la atención que había gente cantando como ángeles, mucho mejor incluso que los que representaban ser sus mentores o guardianes o no se que rollo para que mandes unos cuantos mensajes.

Me encontraba tomando una cerveza, cuando de repente me hice una pregunta que sin saberlo, me iba a provocar muchos cambios en mi vida.

Porque bebo? Cómo siempre dice mi gran amigo Vince, yo solo soy alcohólico en compañía. Después de 6 años sin encenderla, la tv había pasado a ser mi compañia?.

En busca de una solución, y tras realizar unos cálculos derivados de difíciles ecuaciones entre destinos, presupuesto, webs de vuelos… que a más de un matemático ya le gustaría saber resolver con los mismos resultados que los míos, conseguí llegar al cielo.

Muchos ven el cielo como el lugar que hay después de la muerte. Yo siempre lo he visto como el lugar de los vivos. La gente se siente viva al viajar, a más lejos el destino, mayor número de horas recorremos en el cielo. Imaginamos ese lugar o momento mágico, que luego resulta no parecerse en nada a nuestro destino o a lo que vamos a vivir.

Por fin volvía a ser yo. Mares, olas, personas, puestas de sol, cervezas, autobuses, habían conseguido que perdiera por completo la noción del tiempo.

Sin horarios, sin responsabilidades más allá de saciar el ansia de conocer lo desconocido, y la dosis de esa droga tan fuerte llamada surf.

Sin alarmas, sin mareas, sin previsiones ni tablas en las que pensar. Lo bueno de tener pocas tablas, en mi caso solo una, es que no tienes que preocuparte del tamaño de las olas, tengan el tamaño que tengan siempre las vas a surfear con la misma. A mi llegada me había enamorado de una que alguien ya le había sacado un buen partido, sin marca, sin medidas, pero sus anchas caderas y su gran culo me habían hecho perder el norte!

30 horas de autobús y todas esas fotos de la red me trajeron a este lugar.

Un pueblo de dos calles, dónde las olas pueden tener desde 300 m de recorrido, hasta tener 10 m, con la suficiente fuerza para que se te quite el hipo incluso antes de tenerlo.

A mi llegada lo primero que hice fue contemplar el mar. Mucha gente hubiera dicho que no había mucho que ver, por la hora del día que era. A mi me gusta contemplar el mar en blanco y negro, imaginarme como de grandes serán las olas por el sonido, lejos de consultar cualquier previsión.

Me adentre en esas 2 calles y me sentí como si hubiera entrado dentro de farm ville, pero en versión surfera. Que rabia esas estúpidas invitaciones al juego de Facebook. Nunca lo probé, pero si me preguntan como me lo imagino, exactamente igual que este lugar.

Toda la gente que lo habita dispone de pelo largo exceptuando la gente que por desgracia no tienen, entonces se ven obligados a afeitarse la cabeza. Gorra con algún logotipo identificador de “yo hago surf”, por si no queda claro una camiseta de tirantes con otro de esos logotipos. Tienen la gran habilidad de hablar de tablas y olas hasta altas horas de la madrugada, entre bebidas alcohólicas, y con gustos musicales parecidos a los de cualquier lista de éxitos de los últimos 5 años. Nunca he entendido como una canción puede considerarse un éxito actual por llenar una pista de baile, teniendo en cuenta que grupos como Rolling Stones continúan llenando estadios hoy en día. Pero esto es un tema aparte.

Mi rutina sin rutina de surf sin tablas, de olas que se miden por belleza y no por tamaño, de competiciones de surf donde ganan los que más sonríen, ha hecho que el propio sol me despertara a su salida como cada día. I me ha hecho disfrutar egoístamente de este conjunto de belleza.

Por cierto a la tarde me enteré de que la previsión de no se que página de Internet decía con números algo así como no vayáis a la playa que hoy no hay olas.

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