La foto del 2015 -
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01 feb La foto del 2015

Hoy voy a hablar sobre algo que va a ser una rutina sin programación. Cada no sé cuanto voy a hablar sobre alguna de mis fotografías. ¿Cuál? Pues ni idea, la que alguien me pida, o la que más likes haya tenido en las redes sociales… Hasta ahora más de una persona ya me habéis preguntado vía correo electrónico, ahora lo compartiré con todos.

Hoy en este primer capítulo empiezo por una fotografía que fue compartida por vsco en su revista digital, aunque en realidad he seleccionado esta por ser una fotografía que para mi tiene un significado especial.

No se quien fue la célebre persona que invento eso de, “No hay mal que por bien no venga”, pero ya os digo que en mi caso sucede, y muy a menudo. No se si es cierto, o lo aplico al ser algo incierto, no se si es bueno ver las cosas siempre llenas de optimismo. Os puedo asegurar que mi vida, como la de todos, no es ni perfecta ni llena de rosas, pero si buscas, siempre hay cosas buenas esperándote.

No hacia ni 3 meses que había conocido a una persona que parecía muy especial, que entraba dando guerra en mi vida y parecía que iba para largo la cosa. Me encontraba haciendo las maletas para saludarla en Londres. Me recibía una tarde de invierno, fría como ninguna, a mi llegada a esa interesante e irritante ciudad para alguien como yo. De repente empecé a notar, como si alguien empezara a usar un muñeco budú, empecé a sentirme como en ingles diría fucked up, vamos hecho una mierda.

7 días a 40 de fiebre no es lo que había imaginado en la cola del embarque del avión, y menos de camino a visitar a alguien especial. Gracias a mi tozudez y al paracetamol, conseguí salir 2 ratos a dar una vuelta por las calles de Londres. Lo que nadie me iba a decir es que en los 5 días restantes, iban a servir para comprarme otros dos billetes para volver a Londres más un ida vuelta Londres Escocia por 50 euros ! (En estos momentos adoras al sr. Ryanair por mucho que odies la compañía).

Siguiendo el plan de no planear los viajes, terminamos haciendo carretera y durmiendo en una furgoneta. Escocia es un lugar sin aliento, un lugar con tantos rincones que te llegas a estresar por miedo a no descubrir los mejores. O tal vez esto sea cosa mía y de mi insaciable ansia de descubrir nuevos lugares. No voy a hablar mucho de Escocia, que llegará mañana y no habré terminado de escribir. Os voy a hablar de la magia de Glen Coe.

Ascendiendo una montaña en busca de algo de aventura y vistas bonitas a la puesta de sol, a falta de 1 día para terminar el viaje, nos encontramos a una pareja de viajeros alemanes. Días antes ya habíamos intercambiado unas cuantas palabras y símbolos con tal de entendernos, ellos no sabían inglés y nuestro nivel de Aleman, vamos que no hay nivel de Aleman… Entre todo lo que nos intentaban comunicar esta vez, solo podía entender , principio del viaje, montaña coe.

Hacía una tarde de cielo impecable en nuestra búsqueda del Coe, instantes antes de tener que partir de vuelta a Edimburgo. Faltaban escasos minutos para empezar a ver el sol ponerse de color oro. Como dos grandes desconocedores de la tierra y “pardillos” nos dirigimos a intentar averiguar cual era la montaña llamada Coe, cuando perplejo un lugareño nos comento que no existe la montaña Coe, toda la zona es llamada Glen Coe.

Con pocas ganas de terminar el viaje, decidimos tomar un camino a pie, entre varias montañas para disfrutar la última puesta de sol antes de hacer carretera.

Fué empezar a andar entre árboles y bosque, y sentir como una magia había empezado a inundar aquel lugar. No sabíamos que estaba sucediendo exactamente, pero se podía respirar algo grande. Fue entonces cuando, todo y haber dicho que no iba a sacar ni una foto más, estaba ya montando el angular a la cámara!

Salimos de la parte de bosque frondoso hacia un llano rodeado de montañas con una luz y unos colores que no nos podíamos creer. El reloj nos decía que no teníamos que tardar mucho en marchar de aquel lugar, pero las ganas de disfrutar el paisaje nos poseían. Tomé 2 fotografías con mi cámara, en la primera intenté retratar lo que estaban viendo mis ojos.

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Para la segunda tube que improvisar un trípode, para ello utilizo muy a menudo un monopod, es ese mini trípode con patas moldeables que te permite que la cámara se aguante en la rama de un árbol, en infinidad de lugares. La idea era hacer una segunda foto con la que retratar que estuve allí, y que aluciné, que una persona puede estar allí y disfrutar la magia de ese lugar.

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Esta imagen estará por siempre en mi memoria.

Y tú, ¿Cuál ha sido tu momento 2015?

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